Sin historia

Será por algo. Por eso se ha parado el reloj de la estación. De hecho yo creo que lleva parado mucho tiempo. Más o menos desde el día del champagne de fondo. Y aunque la explicación científica me diga que es la pila, yo sé el cambio de hora le agotó las ganas de rotar. El cambio.
Pero no se le han agotado las fuerzas del todo, tan solo va a diferente al compás del mundo. Marca las 9.15 y pasadas dos horas marca las 10, cuando en realidad son las 12. En realidad…
¿Pasa el tiempo? Claro. Un día largo de lluvia, un día corto de sol. Un día lleno de expectativas y un año que poco deja a su paso. Las manecillas giran a su ritmo. Es un tira y afloja, como la vida, supongo.
Como el día en el que alguien decide ir a París movida por la esencia de un cartel de madera o por unas flores que no se marchitan. ¿Por qué no se dejan caer hacia abajo? ¿Será que las pilas no se han acabado? ¿Hay alguna forma de poner en marcha el reloj de la estación? Volverán los viajeros, las esperas y las historias.

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